Enlace Químico
La vida como tal implica
una serie de uniones e interacciones de elementos que conllevan a la concepción
de un producto, el cual es el ser humano. De esa misma manera interactúan los
elementos químicos, para esta forma constituir lo que es un enlace químico.
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| Enlace quimico |
Enlace significa unión,
un enlace químico es la unión de dos o más átomos con un solo fin, alcanzar la
estabilidad, tratar de parecerse al gas noble más cercano. Para la mayoría de
los elementos se trata de completar ocho electrones en su último nivel.
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| Atracción entre los elementos de carga opuesta. |
Las fuerzas atractivas
que mantienen juntos los elementos que conforman un compuesto, se explican por
la interacción de los electrones que ocupan los orbitales más exteriores de
ellos (electrones de valencia).
En los inicios del siglo
XIX, Berzlius sustentó que la fuerza que mantiene unidos los átomos, en una sustancia
inorgánica o en un radical orgánico, eran de naturaleza eléctrica, es decir,
que cada molécula debía contener una parte positiva y una parte negativa, ya
que para él solo existía atracción entre elemento de carga opuesta.
Tipos de enlace químicos
Los átomos se unen entre
sí para formar moléculas mediante fuerzas de enlace. Los tipos fundamentales de
enlace son el iónico, el covalente y el metálico. A continuación, se describen
cada uno de los tipos de enlace y sus características principales.
Enlace
iónico
El enlace iónico consiste
en la atracción electrostática entre átomos con cargas eléctricas de signo
contrario. Este tipo de enlace se establece entre átomos de elementos poco
electronegativos con los de elementos muy electronegativos. Es necesario que
uno de los elementos pueda ganar electrones y el otro perderlo, y como se ha
dicho anteriormente este tipo de enlace se suele producir entre un no metal
(electronegativo) y un metal (electropositivo).
Un ejemplo de sustancia
con enlace iónico es el cloruro sódico. En su formación tiene lugar la
transferencia de un electrón del átomo de sodio al átomo de cloro. Las
configuraciones electrónicas de estos elementos después del proceso de ionización
son muy importantes, ya que lo dos han conseguido la configuración externa
correspondiente a los gases nobles, ganando los átomos en estabilidad. Se
produce una transferencia electrónica, cuyo déficit se cubre sobradamente con
la energía que se libera al agruparse los iones formados en una red cristalina
que, en el caso del cloruro sódico, es una red cúbica en la que en los vértices
del paralelepípedo fundamental alternan iones Cl- y Na+. De esta forma cada ion
Cl- queda rodeado de seis iones Na+ y recíprocamente. Se llama índice de
coordinación al número de iones de signo contrario que rodean a uno determinado
en una red cristalina. En el caso del NaCl, el índice de coordinación es 6 para
ambos
Los compuestos iónicos
estado sólido forman estructuras reticulares cristalinas. Los dos factores
principales que determinan la forma de la red cristalina son las cargas
relativas de los iones y sus tamaños relativos. Existen algunas estructuras que
son adoptadas por varios compuestos, por ejemplo, la estructura cristalina del
cloruro de sodio también es adoptada por muchos haluros alcalinos y óxidos
binarios, tales como MgO.
Propiedades
de los compuestos iónicos
Las sustancias iónicas
están constituidas por iones ordenados en el retículo cristalino; las fuerzas
que mantienen esta ordenación son fuerzas de Coulomb, muy intensas. Esto hace
que las sustancias iónicas sean sólidos cristalinos con puntos de fusión
elevados. En efecto, para fundir un cristal iónico hay que deshacer la red
cristalina, separar los iones. El aporte de energía necesario para la fusión,
en forma de energía térmica, ha de igualar al de energía reticular, que es la
energía desprendida en la formación de un mol de compuesto iónico sólido a
partir de los correspondientes iones en estado gaseoso. Esto hace que haya una
relación entre energía reticular y punto de fusión, siendo este tanto más
elevado cuanto mayor es el valor de aquella.
Por otra parte, la
aparición de fuerzas repulsivas muy intensas cuando dos iones se aproximan a
distancias inferiores a la distancia reticular (distancia en la que quedan en
la red dos iones de signo contrario), hace que los cristales iónicos sean muy
poco compresibles. Hay sustancias cuyas moléculas, si bien son eléctricamente
neutras, mantienen una separación de cargas. Esto se debe a que no hay
coincidencia entre el centro de gravedad de las cargas positivas y el de las
negativas: la molécula es un dipolo, es decir, un conjunto de dos cargas
iguales en valor absoluto, pero de distinto signo, separadas a una cierta
distancia. Los dipolos se caracterizan por su momento; producto del valor
absoluto de una de las cargas por la distancia que las separa. Un de estas
sustancias polares es, por ejemplo, el agua.
Cuando un compuesto
iónico se introduce en un disolvente polar, los iones de la superficie de
cristal provocan a su alrededor una orientación de las moléculas dipolares, que
enfrentan hacia cada ion sus extremos con carga opuesta a la del mismo. En este
proceso de orientación se libera una energía que, si supera a la energía
reticular, arranca al ion de la red. Una vez arrancado, el ion se rodea de
moléculas de disolvente: queda solvatado. Las moléculas de disolvente alrededor
de los iones se comportan como capas protectoras que impiden la reagrupación de
los mismos. Todo esto hace que, en general, los compuestos iónicos sean
solubles en disolventes polares, aunque dependiendo siempre la solubilidad del
valor de la energía reticular y del momento dipolar del disolvente. Así, un
compuesto como el NaCl, es muy soluble en disolventes como el agua, y un
compuesto como el sulfato de bario, con alta energía reticular, no es soluble
en los disolventes de momento dipolar muy elevado.
Enlace
covalente
Lewis expuso la teoría de
que todos los elementos tienen tendencia a conseguir configuración electrónica
de gas noble (8 electrones en la última capa). Elementos situados a la derecha
de la tabla periódica ( no metales ) consiguen dicha configuración por captura
de electrones; elementos situados a la izquierda y en el centro de la tabla (
metales ), la consiguen por pérdida de electrones. De esta forma la combinación
de un metal con un no metal se hace por enlace iónico; pero la combinación de
no metales entre sí no puede tener lugar mediante este proceso de transferencia
de electrones; por lo que Lewis supuso que debían compartirlos.
Es posible también la
formación de enlaces múltiples, o sea, la compartición de más de un par de
electrones por una pareja de átomos. En otros casos, el par compartido es
aportado por sólo uno de los átomos, formándose entonces un enlace que se llama
coordinado o dativo. Se han encontrado compuestos covalentes en donde no se
cumple la regla. Por ejemplo, en BCl3, el átomo de boro tiene seis electrones
en la última capa, y en SF6, el átomo de azufre consigue hasta doce electrones.
Esto hace que actualmente se piense que lo característico del enlace covalente
es la formación de pares electrónicos compartidos, independientemente de su
número.
A diferencia que sucede
con los compuestos iónicos, en las sustancias covalentes existen moléculas
individualizadas. Entre estas moléculas se dan fuerzas de cohesión o de Van der
Waals, que, debido a su debilidad, no pueden considerarse ya como fuerzas de
enlace. Hay varios tipos de interacciones: Fuerzas de orientación (aparecen
entre moléculas con momento dipolar diferente), fuerzas de inducción (ion o
dipolo permanente producen en una molécula no polar una separación de cargas
por el fenómeno de inducción electrostática) y fuerzas de dispersión (aparecen
en tres moléculas no polares).
Propiedades
de los compuestos covalentes
Las fuerzas de Vander
Waals pueden llegar a mantener ordenaciones cristalinas, pero los puntos de
fusión de las sustancias covalentes son siempre bajos, ya que la agitación
térmica domina, ya a temperaturas bajas, sobre las débiles fuerzas de cohesión.
La mayor parte de las sustancias covalentes, a temperatura ambiente, son gases
o líquidos de punto de ebullición bajo (por ejemplo, el agua). En cuanto a la
solubilidad, puede decirse que, en general, las sustancias covalentes son
solubles en disolventes no polares y no lo son en disolventes polares. Se
conocen algunos sólidos covalentes prácticamente infusibles e insolubles, que
son excepción al comportamiento general descrito. Un ejemplo de ellos es el
diamante. La gran estabilidad de estas redes cristalinas se debe a que los
átomos que las forman están unidos entre sí mediante enlaces covalentes. Para
deshacer la red es necesario romper estos enlaces, los cual consume enormes
cantidades de energía
Electrovalencia
y covalencia
Teniendo presenta las
teorías de los enlaces iónicos y covalentes, es posible deducir la valencia de
un elemento cualquiera a partir de su configuración electrónica.
La electrovalencia,
valencia en la formación de compuestos iónicos, es el número de electrones que
el átomo tiene que ganar o perder para conseguir la configuración de los gases
nobles.
La covalencia, número de
enlaces covalentes que puede formar un átomo, es el número de electrones
desapareados que tiene dicho átomo. Hay que tener presente que un átomo puede
desaparecer sus electrones al máximo siempre que para ello no haya de pasar
ningún electrón a un nivel energético superior.
Enlace
metálico
Los elementos metálicos
sin combinar forman redes cristalinas con elevado índice de coordinación. Hay
tres tipos de red cristalina metálica: cúbica centrada en las caras, con
coordinación doce; cúbica centrada en el cuerpo, con coordinación ocho, y
hexagonal compacta, con coordinación doce. Sin embargo, el número de electrones
de valencia de cualquier átomo metálico es pequeño, en todo caso inferior al
número de átomos que rodean a un dado, por lo cual no es posible suponer el
establecimiento de tantos enlaces covalentes.
En el enlace metálico,
los átomos se transforman en iones y electrones, en lugar de pasar a un átomo
adyacente, se desplazan alrededor de muchos átomos. Intuitivamente, la red
cristalina metálica puede considerarse formada por una serie de átomos
alrededor de los cuales los electrones sueltos forman una nube que mantiene
unido al conjunto.
Polaridad
de los enlaces
En el caso de moléculas
hetero-nucleares, uno de los átomos tendrá mayor electro negatividad que el otro
y, en consecuencia, atraerá más fuertemente hacia sí al par electrónico
compartido. El resultado es un desplazamiento de la carga negativa hacia el
átomo más electronegativo, quedando entonces el otro con un ligero exceso de
carga positiva. Por ejemplo, en la molécula de HCl la mayor electro-negatividad
del cloro hace que sobre éste aparezca una fracción de carga negativa, mientras
que sobre el hidrógeno aparece una positiva de igual valor absoluto. Resulta
así una molécula polar, con un enlace intermedio entre el covalente y el
iónico.





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